Galería de Fotos



· Suscríbase para recibir novedades
Nuestra Historia
Un 28 de diciembre de 1.900 abría sus puertas la “Casa Vita” de Salvador Vita, inmigrante italiano que había llegado a la América en 1.886 en busca de un futuro de trabajo, a los pagos del Bragado, donde tenía familiares, dando allí sus primeros pasos.

Conoce a Ana Leopardi, con quien se casa trasladándose a 9 de Julio. Dos de sus seis hijos nacen allí y finalmente se instala en Carlos Casares (en esa época se llamaba Pueblo Maya). Forma una numerosa familia, arraigándose a éste suelo con mucho cariño y sacrificios, tuvieron 6 hijos: Buenaventura, Jovina, María, Francisco, Nicolás y Roberto, además de primos, cuñados y compatriotas de la lejana Italia.

Don Salvador, como lo conocía todo el pueblo, fallece en 1.947, quedando Doña Ana al frente de la “Pompa Fúnebre” con sus hijos, hasta 1957, año en que fallece. Roberto el hijo menor lleva adelante la tradicional “Casa Vita”. ¡Tantos recuerdos afloran en mi memoria!, criado en ese gran patio de la calle Sarmiento, viendo a Coronel, López Esteban y Olivan como alistaban esos caballos negros azabache, briosos, con un porte digno de una carroza real. La tarea comenzaba desde muy temprano con el “baño”, las raciones, atarlos a los palenques, revisarlos, peinarles esas crines abundantes y hacerlos trotar un poco.

Cuando había un entierro, la ceremonia era casi todo el día, limpiar los aperos con sus arneses de bronce, preparar el fúnebre y los “coupés”, que eran los coches para los dolientes.
En esa época se velaba en los domicilios y era todo una mudanza ¡acomodar el lugar donde se iba a velar al fallecido (capilla ardiente), colocar el retablo de fondo, los candelabros con sus velas y cordones, el Cristo, los atriles para las flores, el tarjetero, donde la gente que acudía al velatorio dejaba su nombre y los familiares agradecían enviando otra tarjeta en sobres con ribetes negros, por haberlos acompañado en esas circunstancias, ¡todo un rito social! y ni hablar después de las obligadas visitas de pésame.

También estaba “el portero”, en la puerta de la casa para abrirla cada vez que ingresaban los vecinos y amigos a saludar a la familia, donde se instalaban por distintas partes de la casa. Después servían café y licores atendiendo a la gente, que se pasaban horas de grandes charlas, encuentros y a veces hasta se contaban cuentos provocando una velada risa entre la “rueda” de conocidos.

¡Cuantos años pasaron!, después vino la “modernización”, fúnebres automotor, las salas velatorias y todo se simplificó. Don Roberto nos deja en 1.997, quedando como responsables mi hermana Luisa y yo, llegando a celebrar en el año 2.000, un 28 de diciembre los 100 años de
“Casa Vita”.


Horacio Vita


Salas Velatorias: Av. Carlos Arroyo esq. Falucho - Administración: Sarmiento 15, Carlos Casares · Tel. (02395) 452321